Al llegar a la empresa, la lluvia caía en finas gotas. Un joven del equipo de seguridad salió a recibirnos con un paraguas, gesto que agradecí sinceramente con una sonrisa. Entramos al ascensor y aproveché el reflejo de las puertas metálicas para acomodarme la melena.
Alicia, desde que salimos del orfanato, no había dejado de hablar de la dichosa flor de lis, de linajes y descendencia aristócrata.
No le di demasiada importancia a sus palabras.
Subimos a la oficina y lo primero que hice fue toma