Mundo ficciónIniciar sesiónNo suelo temerle a los espejos, pero esa noche… vi a otra mujer.
Y quizás lo era.El vestido negro se pegaba a mi cuerpo: espalda descubierta, largo, tela que brillaba bajo aquella luz; una elegancia peligrosa que casi no había usado hasta que el apellido Montenegro comenzó a aplastarme.Y mis labios, rojos sangre.No vine a pedir respeto.Vine a obligarlos a dármelo.La gala era en el Salón Imperial del Mont Blanc, una fiesta cerrada para la élite; sonr






