El trayecto desde las entrañas del Vermelion hasta la helada calle de Kievak fue una marcha fúnebre bajo luces de neón.
Los guardias de Gregory, fusiles cortos visibles bajo las chaquetas, formaban un cinturón de acero alrededor de Gianni, César y los tres lobos napolitanos.
El aire vibraba con una tensión eléctrica, como si una chispa pudiera detonar el polvorín. César caminaba pegado al flanco de Gianni, su respiración entrecortada, los ojos saltando entre las armas enemigas y el perfil de su