La paz efímera de la habitación de Ivanka estalló en mil pedazos con el estrépito de las puertas de doble hoja abriéndose de golpe contra los muros.
Los boyevik del Pakhan armados hasta los dientes, irrumpieron como un escuadrón de asalto, fusiles de asalto cortos apuntando con letal precisión hacia el único blanco visible: Gianni.
Él seguía sentado al borde de la cama, con Ivanka en su regazo, su rostro aún enterrado en la curva de su cuello, respirando su esencia. Al sentir la irrupción, no