La paranoia se había convertido en mi nueva sombra. Después de Liana, después de sus palabras que se clavaban como astillas en mi mente, ya no podía caminar por la calle sin mirar por encima del hombro.
Tres días. Tres días de silencio de Gael. Ni un mensaje, ni una llamada. Como si se hubiera olvidado de mi existencia. Y lo peor era que, en mis momentos más débiles, deseaba su llamada. Deseaba que su voz grave cortara el silencio de mi departamento y me diera una orden, cualquier orden, que