El auto de Gael se detuvo frente a un edificio moderno, discreto, de esos que pasas por alto si no sabes qué buscar. No era una mansión. No era tampoco el tipo de lugar que imaginaba para un heredero millonario. Era… funcional. Como él.
—Sal —dijo, sin mirarme.
Bajé. El aire de la noche era más frío aquí, en esta parte de la ciudad que no reconocía. Gael caminó delante de mí hacia la entrada, sacó una llave de un llavero pequeño y abrió la puerta sin esfuerzo. No había portero. No había cámaras