Sus manos tocaron mis pechos, para después masajearlos entre sus manos grandes y delgadas. Yo no podía negar que el masaje, me estaba volviendo loca, ya que mi feminidad palpitaba con fuerza, pidiendo a gritos que se introdujera dentro de mí. Pero todo esto termino cuando el timbre de la cabaña sonó, los dos estábamos dispuestos a no abrir la puerta y seguir con nuestros asuntos, pero la persona que estaba afuera tocando, estaba insistiendo demasiado. Así que Mathew eufórico y cansado del sonid