Habíamos vuelto luego de un buen fin de semana.
La tensión entre Lucero y Marlon había desaparecido por completo, y ahora solo se intercambiaban miradas de complicidad que hablaban más que las palabras.
Al llegar de regreso, Marlon se encargó de llevarla a su casa, mientras nosotros fuimos directo a la nuestra.
Al entrar, nos encontramos con Mia en la sala. Caminaba de un lado a otro con un vaso de whisky entre las manos. Su respiración era agitada y su mirada, desbordante de preocupación.
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