El aire dentro de la empresa se sentía denso, como si todos los ojos quisieran atravesarme.
Los susurros llegaban a mí como cuchillos: "embarazada", "relación con el jefe", "favoritismo".
Sabía que tarde o temprano alguien se enteraría, pero no estaba lista. No así. No de esta forma cruel y desleal.
Apreté los puños mientras caminaba de regreso a mi escritorio, sintiendo la mirada de todos pegada en mi espalda. No quería llorar. No quería mostrar debilidad. Este bebé, mi bebé, era una bendición