Capítulo 18

Era temprano todavía. La ciudad apenas se desperezaba, pero yo ya estaba en mi oficina con la mirada perdida en el ventanal. No estaba viendo nada. Solo la tenía a ella en la cabeza.

Ivanna.

La noche anterior se había quedado grabada en mi piel. No solo por el deseo —que sí, fue brutal— sino por la paz que sentí. Estar con ella fue como volver a respirar después de mucho tiempo.

Escuché la puerta abrirse sin necesidad de voltear. Solo alguien entraba así: como si su presencia no necesitara perm
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