—No, Andréi. No sé lo que eso significa, y sea lo que sea, no tiene absolutamente nada que ver conmigo — respondo, con firmeza. No puedo entender cómo sigue insistiendo, a pesar de todo.
Él suspira, cierra los ojos brevemente y, cuando los abre, puedo ver algo más decidido en su rostro.
—No, Camila. No importa lo que digas, seguiré persiguiéndote hasta que me des la oportunidad de ser el hombre de tu vida — afirma, y por alguna razón, su tono, tan decidido, me hace un nudo en el estómago. Pero