—Tienes razón. Déjalo en el salón. Además, por favor, prepara algunos bocadillos para él. Me cambiaré —le digo mientras me levanto del asiento.
—Sí, señora —responde Laurence, inclinando ligeramente la cabeza antes de marcharse para cumplir con mis instrucciones. Es un alivio contar con alguien como él, que mantiene todo en orden en la casa. Me pregunto si seré capaz de manejarlo todo así una vez que esté casada con Dylan.
Dylan no volverá hasta dentro de dos días. Ni siquiera me dice a qué paí