Nos tocamos la frente y, como si nuestros corazones estuvieran perfectamente sincronizados, sonreímos al mismo tiempo. Esa sonrisa compartida rápidamente se transforma en risas, y el ambiente se llena de alegría mientras la multitud a nuestro alrededor estalla en vítores y aplausos.
¡Dios mío! Me siento increíblemente viva en este momento. ¿Cómo no sentirlo, después de todo? La culpa, sin duda, es de Dylan. Su primera propuesta fue en un cementerio, rodeados de tumbas. Pero esta vez, todo es di