CAPÍTULO 50. De la incredulidad a las súplicas
CAPÍTULO 50. De la incredulidad a las súplicas
Jackson estaba parado en medio de la habitación como un zombi elegante. La nota de Maggie todavía temblaba entre sus dedos, como si sus manos hubieran olvidado cómo funcionar. El techo del hospital, blanco y cuadrado, se le venía encima, y todo su mundo —ese que había construido con expectativas, pañales y planes de familia feliz— se le estaba desmoronando como un castillo de naipes en medio de un terremoto emocional.
"No puede ser", se repetía una