Constanza
—Tienes que calmarte, nena —me dice Gina cuando abrimos el vestido y vemos qué hermoso es—. Si ellos fueran a hacer algo, ni siquiera habrían dejado que te llegara esto.
—Es lindo, pero no me gusta tanto —suspiro—. Creo que me tienes demasiado malacostumbrada a tus diseños.
—Me halaga que pienses que mis diseños te gusten más —responde con emoción—. Aun así, me siento mal por Amelie, que…
—Es que ella ya no se puede dar el lujo de tener tanta creatividad —le explico—. Su empresa creció