Constanza
A la mañana siguiente, me despierto con la sorpresa de la hermosa decoración que han hecho Cillian y Damon en la sala. Durante unos cuantos segundos soy incapaz de decir nada, lo que empieza a alarmarlos.
—¿No te gusta? Podemos cambiarlo —me dice Damon—. Pequeña, dinos qué podemos cambiar para que estés contenta.
—Yo…
—Esa es su cara de shock, todavía lo está procesando —se burla Cillian.
Se me escapan las lágrimas. Sé que solo es una fiesta sencilla, pero poco a poco voy aterrizando