Constanza
Al llegar a casa, lo primero que hago es lanzarme hacia Cillian, quien me besa con la misma desesperación que yo.
—Mmm… Si tengo que quedarme en casa para este saludo, lo haré con gusto —bromea mientras me alza en sus brazos—. Te extrañé, nena.
—Te extrañé más —le respondo, ilusionada.
—No, lo dudo mucho —se burla al voltear a ver a Damon, que espera detrás de mí con una sonrisa traviesa.
Me bajo de los brazos de Cillian y regreso junto a mi esposo, a quien beso con la misma pasión. ¿Cómo pueden hacerme sentir tanto fuego estos dos hombres? Esto es algo que nunca lograré explicarme.
—Necesito un poco más para mí —protesta Cillian, apartándome suavemente de él para volver a besarme.
—Tengo mucho para los dos —respondo, agitada, alternando mis besos entre ambos—. No puedo vivir sin ustedes.
—Ni nosotros sin ti —responden al mismo tiempo, y sueltan suaves risas que me hacen estremecer.
—Necesito relajarme —gimo, cerrando los ojos, para entregarme a sus caricias y al calor de sus