Cillian
—¿En dónde estás, hijo? —me pregunta mi madre al contestar la llamada—. No hemos sabido nada de ti desde que saliste del funeral.
—Pues no tengo nada que hacer en Washington, madre —respondo inexpresivamente—. Ya he presentado mi renuncia y ahora el vicepresidente…
—Cillian, lo que sientes por esa muchacha es una locura. ¿No leíste acaso lo que me escribiste?
—¿De qué estás hablando?
—Las pruebas que me enviaste, hijo, y tu confesión de que Constanza es tu amante.
—Yo no te envié nada, m