Gina
—De verdad lo siento, nena —me disculpo por milésima vez.
Constanza suspira y sigue arreglando la cama. Su silencio de varios minutos es señal de que está absorta en sus pensamientos.
Fue un error entrar a la cocina. Asumí que usar la tostadora sería fácil, pero no noté que estaba fallando.
—No me preocupa la cocina, me preocupas tú —me dice al fin—. Si te prohibí que la usaras fue porque sé lo descuidada y distraída que puedes llegar a ser.
—Pero tengo que aprender a valerme por mí misma —