Constanza
Aunque la tristeza por estar separada de mi otra mitad me invada, no puedo evitar sentirme como una niña al entrar en la cabaña, que más bien parece una casa en miniatura por su arquitectura y sus colores blancos y negros. Aun así, es muy acogedora y no dudo en lanzarme al enorme sofá de la sala.
—Es hermosa, te felicito —le digo a Cillian, que ha estado observando muy atento cada una de mis reacciones—. Entonces, solamente vamos a quedarnos un día aquí.
—Sí, y será mejor que lo disfru