Constanza
Todo estaba previsto para que diera a luz por cesárea programada a las treinta y siete semanas, pero mis hijos nunca han sido comunes y las contracciones comenzaron dos días antes. Aunque la gente se prepara para hacerme la cirugía en cuanto llegue, mi primer bebé sale de mí al atravesar la puerta del hospital.
—¡Ya viene! —grita una enfermera, que logra atraparlo en el acto—. Es un niño.
Me echo a llorar de puro alivio al escuchar que mi bebé llora con fuerza y que tiene un color salu