Cillian
—Eres un maldito, bastardo, infeliz —me grita Constanza cuando me meto con ella a la camioneta—. ¿Cómo te atreves a hacerme…?
La interrumpo con un beso que la hace forcejear hasta que me muerde. El sabor a sangre inunda mi boca, pero eso solo me excita más.
—Te amo, es lo único aque puedo decirte —gruño mientras me relamo los labios—. No podías cometer el maldito error de casarte con él, mi vida.
—Si es un error o no, era mi problema.
—Lo que pasa es que tú eres mi problema —sonrío—. El