Constanza
No me suelto del brazo de Damon en todo el camino hasta la sala donde veremos a mi hermano. El lugar no es una mansión del terror, pero el frío y las miradas de los guardias me ponen los nervios de punta.
Por suerte, Damon logró que no nos revisaran en la entrada, pero esas miradas se sienten más invasivas que una mano en el trasero.
—Mi amor, tranquila, todo va a salir bien —me susurra Damon, deteniéndose para mirarme—. ¿Estás temblando? ¿Estás segura de que quieres hacer esto?
—Sí, s