Constanza
—¿Qué demonios haces aquí, Cillian? —le pregunto agitada, mordiéndome el labio inferior—. Me citaste en la Sala Oval, no en mi cama.
—Sí, pero no pensabas ir.
—¿Cómo lo sabes? ¿Acaso me espías con cámaras otra vez? —me burlo, aunque sospecho que lo hace.
—¿No recuerdas que me encanta observarte todo el tiempo? —susurra, tan cerca que me estremezco—. Constanza, no puedo más. ¿Por qué te empeñas en seguir con Damon?
Me estremezco otra vez al escucharlo tan desesperado. Su voz suena rota,