Cillian
Regreso a la soledad de mi habitación con el cuerpo temblando entre deseo y desesperación, con unas ganas feroces de incendiarlo todo. Haber estado dentro de ella fue como tocar el cielo para después caer al mismísimo infierno.
¿Por qué demonios sigo atado a esa mujer? ¿Qué maldición lleva en la piel que no puedo olvidarla?
—No puedo, no puedo dejarte —susurro, con la frente pegada a la puerta—. Eres mía, Constanza. Solo mía. Damon no volverá a tocarte jamás.
Golpeo la pared con el puño,