Capítulo 94. El diagnóstico.

Hospital Galenia, Cancún.

El frío del suelo le calaba los huesos, pero Arthur no lo sentía. Solo sentía la sangre seca en sus manos. La sangre de su esposa. El teléfono satelital vibró en el bolsillo de su pantalón de pijama. Lo sacó con dedos torpes. La pantalla brillaba. No era Victoria. Había marcado el número de Bruno Ávalos. Contestó al primer tono.

—¿Arthur? —La voz de Bruno sonaba ronca, adormilada—. ¿Sabes qué hora es? ¿Pasó algo?

—Camila —dijo Arthur. Su voz sonó como si hubiera traga
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