Capítulo 70. El choque de reyes.
El aire en la habitación 402 se volvió irrespirable en cuestión de segundos. La tensión no era eléctrica; era nuclear.
Bruno Ávalos, conectado a máquinas, pálido y sudando por el esfuerzo de mantenerse incorporado, miraba con odio puro al hombre impecable que acababa de entrar y que había sido su socio en algunos negocios durante los últimos años.
Arthur Sterling, enfundado en su abrigo de cachemira gris que probablemente costaba más que el auto del médico de guardia, lo miraba de vuelta con u