Jardín de la nueva residencia Ávalos.
TRES AÑOS Y UNOS MESES DESPUÉS
El jardín era inmenso, mucho más grande que el de la antigua casa de Polanco. Se habían tenido que mudar el año anterior porque la familia había crecido de una manera que ni el arquitecto más optimista habría previsto.
Donde antes hubo silencio, ahora reinaba un caos colorido y feliz. Había una manta enorme de picnic extendida en el césped, juguetes dispersos por todas partes y un castillo inflable en una esquina.
Camila Ávalo