Capítulo 46. La sangre no es agua.
Una hora después, la camioneta blindada se deslizaba por las calles nocturnas de la ciudad como una sombra silenciosa. Dentro, el ambiente era una mezcla de alivio y tensión eléctrica.
Nathan se había quedado dormido en el asiento trasero, agotado por la adrenalina de la fiesta y el peso de su traje de espía. Su cabeza descansaba sobre el regazo de Victoria, quien le acariciaba el cabello engominado con una devoción absoluta.
Frente a ella, sentada en el asiento contrario, estaba Camila. No dej