Capítulo 45. La gala de los depredadores.
Nathan miró el jugo. Tenía sed. Miró a Bruno, que le sonreía con complicidad. Luego miró a su madre. Los ojos de Victoria eran una advertencia silenciosa: Regla número dos.
—No, gracias —dijo Nathan con voz firme, cruzando los brazos enguantados—. Mi mamá... digo, mi tía dice que el azúcar me pone loco. Y estoy en una misión secreta.
Bruno bajó la copa lentamente, frustrado.
—Ya veo. Tienes una tía muy estricta.
—Lo hago por su bien —dijo Victoria, tomando la mano de Nathan—. Vamos a ver las e