Capítulo 41. La piel del pecado.
La seda roja se deslizó por su cuerpo como una segunda piel, fría y líquida. Camila contuvo la respiración mientras subía el cierre invisible en su costado.
El sonido del metal deslizándose fue el único ruido en el vestidor. Se giró hacia el espejo de cuerpo entero. El reflejo le devolvió la imagen de una extraña. O, mejor dicho, de un fantasma.
No era la ejecutiva de trajes sastre negros y cabello recogido en un moño severo. Era Camila.
El vestido era una declaración de guerra. Escarlata. S