Capítulo 38. Mamá.
El descenso en el elevador privado desde el piso 40 hasta el lobby tomó apenas cuarenta segundos, pero para Victoria Rivas fue una eternidad en el infierno.
Bruno iba a su lado, en silencio, mirando los números digitales que bajaban. Sus ojos estaban rojos y su mandíbula estaba tensa.
Acababa de descubrir que su esposa, de la que en el pasado quiso divorciarse, pero dudó en hacerlo, lo engañaba y que había destruido a una inocente. Estaba en su momento más vulnerable y peligroso.
—Bruno, no ti