Capítulo 38. El muerto que no existe.

Sala de Juntas Principal. Torre Ávalos.

—Esto no es un soporte estructural, Landa. Es una lápida de concreto.

La voz de Arthur Sterling restalló en la sala como un látigo. Estaba de pie frente a la pantalla de proyección, señalando un diagrama de cargas con un puntero láser. El punto rojo temblaba ligeramente sobre el plano digital, no por nerviosismo, sino por la furia contenida que Arthur canalizaba en cada movimiento.

Ernesto Landa, el ingeniero jefe de Ávalos, se secó el sudor de la frente
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