Capítulo 39. Quemadura invisible.
—No... no lo encontraron. La corriente se lo llevó.
Arthur chasqueó la lengua. Un sonido de lástima teatral.
—Sin cuerpo. Sin despedida. —Se puso de pie y dio un paso hacia ella—. Eso debe ser devastador, Camila. No tener nada que enterrar. No tener una prueba física de que él murió. —Bajó la voz—. O de qué vivió.
Camila retrocedió hasta que sus piernas chocaron contra su propia silla.
—Tenemos recuerdos —dijo ella, con voz temblorosa—. Tenemos las fotos.
—Ah, sí. Las fotos. —Arthur sonrió, p