Capítulo 37. Buenos días, viuda.

Piso Ejecutivo, Torre Ávalos.

Camila cruzó las puertas de cristal del piso 42 con paso firme. Vestía de blanco impoluto. Tacones altos, barbilla arriba. La imagen de la victoria.

El domingo había funcionado. Arthur había visto las fotos, había escuchado a Hanna y se había largado.

El lobo había mordido el anzuelo. Camila sonrió al pasar frente al escritorio de su secretaria.

—Buenos días, Berta. Café.

Berta no se movió. Estaba pálida, con las manos apretadas sobre el escritorio.

—Señora...
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