Capítulo 19. El escarnio público.
La mañana amaneció gris en la Ciudad de México, como si el cielo supiera lo que iba a pasar. Renata llegó a la Torre Reforma arrastrando los pies. No había dormido. Tenía los ojos hinchados y el vientre le dolía, no por el bebé, sino por el miedo.
Al entrar al lobby, notó algo extraño. No había el bullicio habitual de gente corriendo hacia los elevadores.
Había silencio. Cientos de empleados, desde los ejecutivos de alto nivel hasta el personal de limpieza, estaban reunidos en el inmenso atrio