VÍCTOR
—Ya no se que hacer con ella, padre.
—¿Cómo?
—Siempre que estamos juntos, terminamos peleados—suspiré—, he intentado llevarme bien, pero… esque lo pone tan difícil.
—No hay nada que no pueda resolverse, hijo, en los dos debe caber la prudencia, puedes comenzar contigo. Ella pronto se convertirá en la señora de La Rosa, además, seguramente estará algo molesta por los rumores que circulan por tus andadas.
—Le juro que ya he cortado con todo eso.
—No creo estar tan seguro, Margarita, ha est