FERDINANDO
CUATRO MESES ANTES
—¿Por qué quieres eso? —le pregunté impactado.
El hombre frente a mí se recargó en su sillón, con una sonrisa ancha.
—¿Por qué no?
De pronto, su pie acarició mi pierna, todos los vellos se me pusieron en punta.
—No, tú estás loco, cabrón—salté del sillón.
—Cálmate Ferdinando—me estremecí de nuevo—, siéntate si no quieres causar ningún alboroto—el alcohol en mi cuerpo hacia que sintiera las palmas y mi rostro con picor.
Miré alrededor algunas personas ya nos lanzab