JENNIE
Cerré las puertas de mi balcón y salté a la cama, sin parar de reir.
Shinae, que había llegado a mi habitación en cuanto escuchó que los músicos cantaban; se lanzó a la cama y comenzó a darme de nalgadas.
—¿Escuincla que hiciste?
—Ya déjame—pero continuaba riéndome.
—¿Por qué hiciste eso?
Intenté tomar bocadas de aire, Shinae dejó de nalgearme.
—¿Por qué? —apenas tenía retorcijones de risas—, ¿el teniente quiere impresionar intentando conquistarme así?, por favor, Shinae, es solo una imp