Mundo ficciónIniciar sesiónGABRIEL
Sentí una pata peluda en mi nariz, luego unos lengüetazos en la mejilla, luego un mordisco en la nariz.
Me enderecé en chinga.
—¡Hay, pinche gato! —me dolió.
Gabo saltó de la cama y maulló con fuerza, me percaté entonces del estridente sonido de mi celular, metí la mano debajo de la almohada, era una llamada de Berenice, tan temprano.
Seis de la mañana.







