JENNIE
Cuando me aseguré de que el teniente Víctor ya se hubiese ido fui corriendo con mi padre.
Quien ya me esperaba en su despacho, había encedido su fuerte habano.
—¿Perdiste la cabeza? —le reproché.
—Tuve que presionarlo, jamás hubiese declarado por su cuenta apresurar la boda ¿no crees?
—Pero… me pegaste.
—Y te defendió, aún conmigo, con tu padre, significa que le interesas—se regodeó—, algo hiciste bien.
—Yo siempre hago las cosas bien—lo miré entrecerrando los ojos—. Casí me lo creo, de