—¿Lo grabaste?
Ambos detuvimos nuestro baile y miramos hacia la voz.
—Dime que lo grabaste porque eso fue digno de una película.
—Lo tengo, lo tengo.
—¿Qué están haciendo? —preguntó Gabriel.
Ferdinando se acercó a nosotros extendiéndonos un paraguas extra (ya que nos habíamos empapado). Pero, para mi gran sorpresa Yang Ji estaba con él.
—Es mejor que nos vayamos de aquí—dijo mi hermano, luego miró su reloj—, se hace tarde, nos están esperando.
—Esperen, esperen, no estoy entendiendo nada.
—Ya l