GABRIEL
No puedo dejar de pensar en lo que pasó anoche.
Me desnudé impaciente.
Le quité el vestido de un tirón.
Luego de eso, no podía arriesgarme a que algún mirón la viera por entre la ventana del balcón.
La cargué enredado sus piernas en mi cadera, trastabillé hasta su habitación, mientras ella buscaba mis labios.
Antes de lanzarnos a la cama le quité el sostén.
—Gabriel—jadeó en mi boca.
La acosté.
—Lo que pasó antes—jadee—, esto… dolerá un poco.
Asintió.
—Sí, lo sé.
—¿Estás segura?
—Si.
Ba