Pasaron dos días más y Hana abre los ojos con dificultad esa mañana, sintiendo cómo cada respiración era una batalla que su cuerpo libraba con menos fuerza.
El zumbido de las máquinas la mantenía anclada a la realidad, pero su alma parecía empezar a desprenderse poco a poco de su cuerpo.
Con un hilo de voz, pidió a la enfermera que llamara a su prima Jazmín. Sabía que el tiempo se le escurría como arena entre los dedos, y necesitaba decirle aquello que llevaba días guardando en su pecho.
Jazmín