La fiesta terminó y los invitados regresaron a sus casas. Cuando la mansión quedó limpia y todos se habían retirado a sus habitaciones ella se quedó en la cocina con una botella de licor.
Jazmín sintió cómo el ardor del whisky le bajaba por la garganta, pero no era suficiente para apagar el fuego que le quemaba por dentro. La rabia, la impotencia y la frustración la tenían al borde del colapso.
Sentada en la encimera de la cocina, con una botella medio vacía a su lado, respiraba hondo tratando