El tiempo en el hospital se había detenido. Los días y las noches se mezclaban en un solo y largo tormento para Imran, quien no se apartaba del lado de Hana.
Desde que cayó en coma, él apenas probaba bocado, dormía en intervalos cortos y fragmentados, y su única realidad era la del cuarto frío y blanco donde su esposa luchaba en silencio por su vida.
Cada día, cada hora, su agonía se hacía más grande. Su mente estaba atrapada en un torbellino de pensamientos oscuros. No había vuelto a ver a su