88. El nombre que lo cambia todo.
El trayecto de regreso se mueve en un silencio cargado de cálculo, donde cada segundo parece ordenar piezas invisibles que empiezan a encajar con una precisión inquietante, y Silvia mantiene la mirada fija en la calle mientras sostiene el teléfono entre las manos, esperando el archivo prometido como si ese envío marcara el inicio real de algo que ya no puede ignorar.
Adrián conduce sin apuro, con esa concentración contenida que no necesita palabras para mostrar que está pensando en lo mismo, en