7. Fue ahí cuando lo recordé.
Esa mañana empezó mal incluso antes de salir de casa, porque el dinero volvió a meterse en medio de todo como una presión constante que no me dejaba respirar tranquila, y lo noté en la forma en que mi hermana menor evitaba mirarme mientras desayunábamos en silencio, removiendo el café como si estuviera pensando en algo que no sabía cómo decir.
No hizo falta que hablara para que yo lo sintiera, porque después de todo llevaba años aprendiendo a leer esos silencios, esos gestos pequeños que anunci