170. Las cicatrices del fuego.
—¿Qué tratamiento?
La pregunta de Adrián quedó suspendida sobre el lago.
Elías no respondió enseguida.
La brisa agitó su cabello blanco mientras sus ojos permanecían fijos en el agua. Parecía debatirse entre guardar silencio o destruir, con una sola respuesta, todo lo que Adrián creía saber sobre sí mismo.
Yo observaba a los dos hombres sin atreverme a intervenir.
Algo me decía que la siguiente confesión iba a cambiarlo todo.
Finalmente, el anciano soltó un largo suspiro.
—Uno que jamás debió e