8. Me dejó ahí.
La jornada avanzó más rápido de lo que esperaba, pero no porque fuera liviana, sino porque todo estaba tan cargado que apenas tuve tiempo de detenerme a pensar, y eso, por un momento, me alivió, porque cada vez que mi mente quedaba libre, volvía a lo mismo, a la discusión con mi hermana, al miedo con José, y a esa sensación incómoda de no saber en qué lugar estaba parada con Adrián después de lo que había pasado entre nosotros.
Cerca del mediodía, recibí un mensaje corto.
“Ven a mi oficina.”
Na